Así es, me titulé por fin. Exactamente seis años después de ingresar a la Universidad de Chile (un 12 de marzo del 2001) presente mi defensa de mi trabajo de título. Afortunadamente fue un éxito. Eso si, no comenzó todo bien…

El fin de semana no dormí mucho. No por nervios, sino porque la crema que tenía que echarme en la cara hacía que me picara todo. El domingo en la noche, pasó lo mismo. Finalmente llegó la mañana del 12 de marzo del 2007. Mi presentación era a las 12:00, un poco apresurada en comparación con otras defensas, pero uno de mis profesores, Jaime Sánchez, estaba haciendo clases en NY y sólo tenía disponible esa fecha para ir a mi defensa. Desperté como a las 8 de la mañana, y me alisté con todos los tratamientos dermatológicos. Tomé mis llaves del auto de mi padre y me fui a velocidad media por las calles de Santiago, desde mi casa hasta el estacionamiento en la calle Beauchef.


JS (Jaime Sánchez): – “Estamos listos”
Yo: – “Comienzo leyendo el resumen entonces…”
JS: – “Bueno, como yo explique en las charlas …” (de hace un semestre atrás, imposible acordarme) “... debes leernos el resumen y después tienes DIEZ a QUINCE minutos para presentar.”
Yo (nervioso) – “El profesor Luis Guerrero me había mencionado que eran de quince a veinte”.
JS: – “No, pero bueno, lo conversamos entre nosotros después”.
Yo: – “... Ok”.
Yo: – “Resumen de ….......”
Así comencé leyendo el resumen de mi memoria, lentamente, pero aún así con voz nerviosa. Mientras lo leía notaba los errores que se debían corregir.
Finalmente me dijeron las cosas a cambiar en mi versión digital del resumen. Con esto, hice doble click en la presentación powerpoint, llena de notas y comentarios al margen que nunca leí por los nervios.
Mi presentación extrañamente duró 15 minutos exactos. El powerpoint me mostraba la cantidad de minutos, y cuando terminé lo vi. Fue extraño. Demasiado justo.
Los profesores me pidieron que me retirara para deliberar, y con eso, salí de la sala a dar vueltas como si fuera un padre esperando un hijo. Tomé un vaso de agua y después otro, y después otro. Me encontré con un profesor y después otro. Finalmente me llamaron.
Yo: -”Permiso”
JS: -” Carlos Hurtado te sacaste un 7 en la presentación”
Yo (feliz, pero desubicado): -”¡Genial!, muchas gracias,
”
Profesores: -”Shhhh”
Yo:- “perdón, uff”
JS: -”Tienes un 6,5 como nota de presentación de ingeniería civil , por lo que con el 7 te da un 6,7 de nota final de ingeniería”
Yo(arruinando de nuevo la solemnidad):- “Genial”
Profesores: – “Shhh”
JS: -”Con un 6,7 se te otorga el título de Ingeniería Civil en Computación con Grado de Distinción Máxima, felicitaciones”
Yo:- “¡Ahora si, genial!”
Continuaron abrazos de todos los profesores, felicitaciones y comentarios. Aproveche de invitar a almorzar a mi profesor guía, quien me contó algunas copuchas de las deliberaciones, y terminé el día importante.
Con el profesor fui a imprimir unas cosas logísticas y le llevé mi corbata rosada a la Magaly, la secretaria del departamento de computación, la cual la cortó.
Y finalmente me fui a mi hogar, con un set de anécdotas para poner en el blog y para contar. Como estuve operándome la vista (próximos posts) entonces no lo publiqué con anterioridad.
Esta es mi historia del título, y la finalización de 6 años exactos de carrera de ingeniería civil, y de una de mis mejores etapas de mi vida. Dentro de la felicidad hay un sentimiento de apego y de tristeza por dejar atrás algo que me gustaba mucho. Más adelante contaré mis crónicas en mi vida profesional y/o en mi vida de postgrado.
Mientras tanto, se celebra
